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Escribo para mi, si a otra persona le gusta, ¡excelente!

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Subs-Team: S01e04 Sueño Purpura Parte 1

Marga gritó, la sangre comenzó a salir de su hombro. Kara había fallado, el arma se le resbaló de la mano, miró con ira la aguja que aún estaba incrustada en su muñeca y luego miró a su izquierda. Sara, suspiraba aliviada al ver que Marga seguía viva, pero continuaba apuntándole a Kara con su brazalete.

-Menos mal que ha sido el veneno – dijo Kara, mientras le sonreía a una Sara sorprendida. El veneno no parecía afectarle a su enemiga…

10 horas antes en Air-1….

-¿Qué es lo que quieren? ¿Cuál es su objetivo? –Cuestionó Kame.

-Como si fuera a decirte –dijo el leecher de los tubos rojos. Y disparó. Kame no se movió, la bola de fuego pasó por su lado izquierdo a gran velocidad.

-Pésima puntería –sonrió Kame.

-Depende, ¿a quién crees que le apuntaba? –sonrió maliciosamente . Kame volteó y vio como Safes había sido sepultado por los escombros del edificio.

-¿Adonde estás mirando? –dijo el otro leecher. Cogió a Kame por un brazo y lo azotó en el suelo, Kame gritó de dolor, varias estalactitas hechas completamente de hielo se le encajaron en la espalda-. Deberías de prestar más atención en un combate. Sabes, leí sobre ti. Tu poder  de manipular la sangre no nos afecta a nosotros, los leechers.

-Me sorprende que sepas leer. Por otro lado, no gastes saliva en contarme cosas a medias –dijo Kame poniéndose de pie lentamente-. Tu mala información es lo que causará que pierdas este combate. La sangre que mejor controlo… Es la mía.

Los ojos de Kame habían cambiado, donde antes era blanco, ahora era rojo. De las heridas de su espalda la sangre emanaba, pero no caía al suelo, sino que se deslizaba por sus brazos hasta llegar a sus manos. Kame esperó hasta que sus manos estuvieran completamente rojas y luego se precipitó contra el leecher, este disparó con el tubo izquierdo un chorro de agua y con el derecho un rayo helado, las manos de Kame estaban congeladas. El leecher se acercó a Kame apuntándole con ambas armas cuando algo se estrelló contra la cabeza del leecher. Del otro lado de la calle Safes sangraba de la cabeza y jadeaba, las mangas de su camisa estaba hecha tirones y los hilos se movían como si tuvieran vida propia, varios de ellos se movieron y enredaron un trozo de pared del edificio y rápido lo lanzaron contra el leecher de los tubos azules pero, una bola de fuego lo interceptó haciéndolo añicos.

-Esto se pone interesante –dijo el leecher de los tubos rojos. Comenzó a lanzar bolas de fuego rápidamente y Safes contestó lanzando escombros casi a la misma velocidad. Todo quedó cubierto de humo. Dentro del caos se alcanzaba a escuchar un ruido, una especie de siseo. De pronto el leecher de los tubos azules salió disparado y casi se estrella contra Safes.

-¡Tú encárgate de ese! –gritó Kame.

-¿Cómo diablos logro derretir el hielo tan pronto? –dijo el leecher de los tubos azules

-Lo siento, tendrás que preguntarle a él –Dijo Safes mientras le arrojaba un pedazo de muro a la cara al leecher, este se protegió congelándolo y haciéndolo pedazos en el suelo.

Del otro lado de la calle Kame peleaba cuerpo a cuerpo con el leecher de los tubos rojos.  Kame apartaba de un puñetazo los brazos del leecher justo antes de que disparara. Una bola de fuego salió a gran velocidad cruzando la calle y casi le da en las piernas al otro leecher.

-¡Mika, ten más cuidado!

-Ahora no Zek, ¿no ves que estoy divirtiéndome?

-¡Oye, no es  jus..! –dijo Zek. Safes, gracias a sus hilos lo había cogido del cuello. El leecher apuntó a los hilos y los congeló partiéndose estos al instante. Luego disparó con ambas manos a los pies de Safes dejándolo inmóvil, siguió disparando congelando al chico hasta la altura del estomago. Sek caminaba lentamente y se detuvo hasta quedar frente a Safes.

-Es tu fin flotador de mierda, he inmovilizado tus manos y ya no podrás controlar tus hilos, he ganado.

-Lamento mucho decepcionarle pero, ¿quién fue el o la que le dijo que controlaba “mis hilos” con las manos?-. El cuerpo de Zek se quedó inmóvil, su ropa se había hecho jirones , cayó al suelo boca abajo y los hilos le habían atado los brazos y las piernas-. Y sobre todo, ¿quién le dijo que sólo podía manipular “mis hilos”?

Lo que quedaba de la ropa de Zek le rodeó el cuello hasta asfixiarlo. Zek perdió la conciencia. Safes se debilitaba poco a poco. Ya no sentía la parte del cuerpo que estaba cubierta por el hielo.

Del otro lado de la calle Kame había cogido por los brazos a Mika. De las heridas de la espalda de Kame, la sangre brotó como una erupción y formaron un brazo, luego una mano que cogió a Mika por el cuello. De pronto unna alarma sonó, como si de un despertador se tratase, el sonido provenía del cinturón del leecher. Mika sonrió.

-Misión cumplida… -Alcanzó a decir antes de que Kame lo decapitara.

En Air-3…

-Mongry, ¿te aseguraste que todos los riquillos entraran al refugio? –dijo una criatura grande y peluda de color turquesa.

-Hasta  el último “manos de seda”, amigo –dijo Mongry mientras tachaba el último nombre de la lista en una tableta. Mongry no era una criatura como su amigo, era un hombre de veintitantos años, grande y fuerte. Llevaba puestas unas gafas negras enormes,  una camisa amarilla y un pantalón negro.

-Me pregunto qué tramaran… -dijo la criatura turquesa mirando el horizonte.

-No tengo idea, pero ahora los odio más, hace una hora cuando recibimos el aviso, estaba moldeándome la barba y uno de los rugidos de esas criaturas provocó que me cortara, ¡mira! –casi grita Mongry, mostrándole a su amigo una pequeña cortada cerca del mentón.

-Sólo tú te tomarías el tiempo de arreglarte en esta situación.

-Oye, tú lo tienes fácil Ebnitzz, sólo te pones tus pantaloncillos y listo –era cierto, Ebnitzz sólo vestía unos pantalones cortos negros, iba descalzo, sus piernas eran grandes y fuertes.

-Cállate… -dijo Ebnitzz, con la mirada fija a las puertas en el suelo del refugio.

-Oye, tampoco te pongas así, compadre…

-No, algo anda mal.

-Lo sé –dijo Mongry. Rápido trepó sobre Ebnitzz, puso sus manos a ambos lados de la cabeza de su amigo y una descarga eléctrica recorrió el cuerpo de Ebnitzz y cayó al suelo inconsciente-. Se acerca la hora de los juegos artificiales, lamentablemente tú no estás invitado.

En Air-2…

-Lo que pides es demasiado. Mis superiores se darían cuenta de los medicamentos faltantes. El trato era que si los apoyaba con ciertos suministros yo tendría asiento de primera fila cuando Kara acabara con Marga –una mujer de caderas amplias, cabello rubio y lacio hasta la cintura, tomaba vino tinto sin dejar de ver al hombre que tenía enfrente-. Vamos Horacio, pierdes el tiempo. Tal vez yo odie tanto a Marga como ustedes pero no voy a dejar a toda la república sin medicamentos, es absurdo.

-Y si te dijera que la república tiene tanta culpa como la tiene Marga de que tus hermanos murieran.

-Diría que estas desesperado…

-Tengo pruebas. Por cierto, ¿qué tan lejos del refugio nos encontramos?

En Air-5…

Sired dormía profundamente, en su sueño revivía su encuentro con Souve:  El leecher que casi lo asesina. Y la voz del líder hacía eco como el narrador de una vieja película… Algo importante, algo que debía contarle a su amigo…

-Creo que está despertando –dijo Sara.

-Vamos amigo, despierta –Enzo estaba sentado a un lado de Sired y lo miraba preocupado. Sired abrió los ojos lentamente y le tomó un momento reconocer a su amigo.

-Enzo, los leechers, ellos van a hacer explotar los refugios. Escuché al líder de los leechers que me atacaron, tienes que creerme. Tienes que sacarlos de ahí.

-Oh, por Dios –Sara sin perder un segundo más salió corriendo.

-¿Estás seguro de lo que dices Sired?

-Sí. Hay algo más, las criaturas, la mayoría son falsas, sólo una isla en verdad está rodeada por esas cosas.

-Sabes, me alegra que esa parte me la contaras sólo a mí –Enzo se puso de pie y cogió una de las jeringas que estaban en la mesita a un lado de la cama de Sired y le suministró el contenido en el suero de su amigo.

-Enzo, ¿qué haces? –dijo Sired y la vista se le nubló hasta que la oscuridad lo envolvió todo por completo.

-Lo siento, pero será mejor que duermas, te espera un largo viaje rumbo a Air-4 –Enzo sonreía, sus ojos eran completamente negros-. Y yo que me  moría de ganas de saber cómo diablos te teleportaste hasta aquí.

El subycom de Enzo emitió un sonido y luego la voz de Sara se escuchó , esta jadeaba y al principio no se le entendió lo que trataba de decir. Repitió el mensaje y fue más claro.

-Repito, saquen a la gente de los refugios, los leechers planean explotar las instalaciones.

El mensaje llego a todas las islas. El caos reinó en la mayoría de los refugios. En Air-13 lograron salir por completo, no había mucha gente dentro del refugio, la mayoría seguía trabajando o en sus casas. En Air-7 fueron un poco más organizados y tenían dos puertas de emergencia. En Air-2 no tenían a los encargados de la seguridad, de hecho Mongry fue el que accionó el botón cuando la alarma en su cinturón se accionó indicando que todo estaba preparado. Las explosiones fueron casi simultaneas. En Air-5 más de la mitad de la gente aún estaba dentro cuando todo explotó.

Muy cerca  de la torre del Substeam Kara sonreía. Tres enormes leechers le cuidaban la espalda.

-Andando –ordenó y los cuatro caminaron rumbo a la torre.

Filed under substeam S01E04 Sueño Purpura Carpe

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Subs-Team: S01e03 Holochine Parte 2

En Air-4…

Justo en el momento en el que Sired se teleportó, una alarma se disparó en las profundidades de los laboratorios de investigación, propiedad de la republica. Un hombre de más de sesenta años casi se tira el café sobre la vieja bata blanca debido al sobresalto. Se ajustó las pequeñas gafas, observó detenidamente la pantalla de su computador  y luego presionó un par de teclas. La alarma se apagó y durante un minuto aquel hombre quedó inmerso en sus pensamientos. Cogió un trozo de papel y garabateo algo que solo él entendía, respiró hondo y salió por la puerta de la derecha, deslizándola con dificultad.

-¿Qué fue eso Gram? ¿La alarma de los Nichts? –dijo un jovencito de baja estatura, cabello lacio y negro. Llevaba una pequeña caja bajo el brazo y vestía un extraño traje naranja que parecía una talla mayor.

-Así es Kinomoto. Hace cinco años que no sucedía. Iré ahora mismo a informarlo para que se encarguen de la contención. Ten cuidado allá abajo.

-No te preocupes hoy me toca el sector Kappa, fáciles de manejar. De acuerdo, nos vemos luego, que si no les doy sus vitaminas se ponen de mal humor –dijo mientras se alejaba sonriente.

Gram reanudó su camino, durante el trayecto se topó con varios jóvenes que cargaban una caja parecida a la que llevaba Kinomoto bajo el brazo. Cada uno de ellos iba a un sector diferente y por alguna razón Gram rezó por el bienestar de los chicos… «Espero que los Alfa estén de buen humor hoy» pensaba. Por fin llego a su destino al final del corredor, no se detuvo a tocar la puerta, la abrió mientras sentía un ligero dolor en los dedos debido a la artritis. Dos hombres hablaban, parecían estar de mal humor.

-¿Has tenido noticias de Air-1? –preguntó un hombre alto y aspecto duro.

-No, dijeron que mientras los leechers no se comunicaran, permaneceríamos a la defensiva –contesto un hombre bajo y obeso.- El tamaño de esas criaturas es descomunal.

-Lo sé, no estoy ciego… -dijo el hombre alto.

Gram se aclaró la garganta y cuando los dos hombres por fin se percataron de su presencia, le entregó el pedazo de papel al hombre alto.

-Un Nicht, señor, se activó en Air-7 hace menos de 15 minutos

-Lo que nos faltaba, Morgan, que manden un escuadrón a Air-7 y trasladen al Nicht en un deslizador inmediat…

-Disculpe doctor, el Nicht ya no está en Air-7, la señal es débil pero proviene de Air-5, está en la Torre, señor –lo interrumpió Gram.

-¿Cómo diablos llegó ahí en cuestión de minutos…? –dijo el doctor.

-Un maldito teleportador –completó Morgan.

-Odio a los teleportadores, son demasiado inestables y… De acuerdo, envía el deslizador  -dijo el doctor sobándose los nudillos, Gram notó en la mano izquierda del doctor que le hacía falta el anillo de matrimonio.

-Como ordenes –dijo Morgan.

-Gracias, Gram, puedes retirarte –dijo el doctor que al darse cuenta que Gram le miraba fijamente guardo rápidamente sus manos en las bolsas de la bata blanca.

«Así que finalmente la dejó libre, después de casi 17 años…» Pensó Gram.

Gram salió de la oficina y caminó lentamente por el pasillo. Aún dentro del laboratorio se alcanzaba a escuchar el rugido de una de las criaturas. Gram se estremeció y se dio cuenta de que no había habido un teleportador en años y que cuando aparecía uno, siempre resultaba desastroso.

-Disculpe señor, ¿Gram, cierto? Soy la nueva interna. Mi nombre es Xisten, estoy a sus ordenes –una jovencita de no más de 19 años, de cabello castaño y recogido en una coleta le sonreía al viejo amablemente.

-Oh, con que tú serás mi remplazo. Bien, pon atención porque no soy de los que repiten las cosas –dijo Gram, serio pero para nada intimidante.

-De acuerdo señor- Xisten sacó una tableta y comenzó a teclear algo a gran velocidad con una sola mano.

-Tu trabajo principal será monitorear a los Nicht, donde andan, si salen de su límite permitido y sobre todo si sus poderes se activan.

-Disculpe señor, tenía entendido que los Nichts no tenían poderes, de ahí su nombre, que en una de las lenguas muertas significa “Nada”, ya que cuando se crearon se esperaban mutaciones pero no hubo nada en su material genético que indicase anomalías.

-Parece que eres una de esas chicas listas, la mejor de tu clase supongo –La chica se sonrojó-. De acuerdo, cuéntame todo lo que sabes acerca de las ECs y te corregiré si es necesario.

-De acuerdo, el gobierno en un intento por obtener individuos con la habilidad de crear energía, inoculó los fetos de cientos de niños con una especie de “virus”, muchos de de los sujetos presentaron las caracteristicas necesarias para pertenecer al grupo creador de ECs pero otros tantos rechazaron las células del “Primero” que se suponía debía dotarles de la habilidad para crear las ECs y presentaron alteraciones genéticas, a estos se les catalogó como mutantes y se les clasificó y encerró. Aunque algunos eran pacíficos y posteriormente fueron liberados pero permanecen constantemente en vigilancia. Tambien están los Nichts que también rechazaron las células pero no presentaron anomalías.

-Muy bien, sin embargo, muchos Nichts después de varios años por alguna razón manifiestan ciertas habilidades, la mayoría son inofensivos…

-De nivel Kappa, supongo.

-Así es, háblame de los niveles –Gram se recargó en su silla.

-Muy bien. Los mutantes de acuerdo a su peligrosidad y a su poder son clasificados de menor a mayor: Kappa, Épsilon, Delta, Beta y Alfa.

-Muy bien. ¿Y comprendes que todo esto es clasificado y que la sola mención de esto fuera de estas instalaciones está penado con la muerte?

-Perfectamente señor.

-¿Y que sientes Xisten?

-No entiendo su pregunta, señor.

-Llámame Gram, todos lo hacen.

-De acuerdo. No entiendo a que se refiere Gram.

-Una vez que sabes uno de los más oscuros secretos del gobierno. ¿Qué sientes? –dijo Gram mientras miraba la pantalla del computador.

-Honestamente, siento lastima por aquellos que permanecen encerrados. Ellos no pidieron nacer así –Dijo la chica temerosa de que no fuera la respuesta que el viejo esperaba.

-Me alegra Xisten. Veras, en este lugar el 90% de los trabajadores se han olvidado de algo muy importante: No importa el nivel del mutante, siguen siendo humanos… Y uno que otro mestizo –dijo mientras le sonreía.

-Señ… Gram, ¿los miembros de Substeam no saben nada de todo esto verdad?

-No, ellos creen que nacieron bendecidos por Dios, así se la vendió el gobierno. Y lo peor de todo es que… –Gram suspiró y no dijo nada más. Antes de que la chica pudiera preguntarle a que se refería con eso último, Gram le ordenó organizar unos expedientes de una gaveta mugrienta que estaba a lado de la puerta, luego tecleó algo en su computador y en la pantalla aparecieron las islas en polígonos, había varios puntos rojos, cerca de cien y sólo un punto parpadeante de color azul en Air-5, en la torre del team.

En Air-5…

-Fue como si una luz envolviera mi cama y de pronto Sired apareció retorciéndose de dolor –Decía Enzo emocionado y a la vez preocupado.

-¿Y a este joven lo conoces de…? –Preguntó Carpe que miraba a través del cristal como Sara le administraba un sedante al chico.

-Por el “club retro” –dijo Enzo sonriendo.

-Entonces, eres uno de esos…

-Oye, no tiene nada de malo que un grupo de gente se reúna, se vista como gente del pasado y vea viejas películas y los llamados “comerciales” para entretenerse.

-No te estoy juzgando –dijo Carpe poniendo ambas manos como barrera , como si Enzo en cualquier momento se le echaría encima.

-En fin, en la reunión del año pasado, Sired y yo nos hicimos amigos y hemos estado en contacto vía sub… -Enzo abrió tanto los ojos que parecía que se le saldrían, empezó a sudarle la cara y las manos.

-Enzo, ¿le regalaste un subycom a ese adolescente? ¡Sabes perfectamente que es para uso exclusivo del Team! –Carpe casi rugía.

-Lo siento, ¿de qué otra manera podría comunicarme con él?

-Hablaremos de ello más tarde.

Black entró en la habitación pasando de Carpe y Enzo, le dio instrucciones a Sara y esta salió por la otra puerta. Black hizo algunas anotaciones, parecía fascinado, como niño con juguete nuevo. Sara volvió a entrar, puso varias cosas en la mesita de alado de la cama de Sired y se dispuso a sacarle sangre al chico. Le entregó los tubos a Black y este salió de nuevo sin prestar atención  de los que estaban afuera. Sara salió de la habitación también, llevaba las manos metidas en las bolsas de la bata y suspiró.

-Mi jefe se pone odioso algunas veces –dijo Sara.

-Sólo algunas veces –dijo Enzo arqueando las cejas.

-En fin, la primera muestra de sangre de tu amigo que analicé mostró algo sumamente raro, su composición es parecida a la nuestra.

-Y con “nuestra” te refieres –dijo Enzo viendo de reojo a Carpe.

-A los que somos capaces de crear ECs –contestó Sara.

-Entonces, ¿de qué se trata? –preguntó Carpe.

-No es de nuestra incumbencia –dijo Marga entrando a la sala-. He recibido un aviso de Air-4. Vienen en camino para trasladar al sujeto a sus instalaciones.

-¿Los hombres de blanco? No, Marga. No podemos dejar que se lo lleven, sabes que si ellos intervienen nunca volveré a ver a Sired. ¿Quién sabe qué cosas le harán?

-Como dije, no es de nuestra incumbencia. Si Black no pudo persuadirme, que te hace suponer que tu lo harás.

Enzo no dijo nada más y se metió a la habitación de Sired, mientras Marga ordenaba a Sara y Carpe relevar a Pokee en la vigilancia.

En Air-1…

Dos figuras corrían a gran velocidad por el lado oeste de la isla, delante de ellos un incendio se propagaba rápidamente.

-¿Estás consiente que esto podría ser solo una distracción verdad?

-Por supuesto Safes, es por eso que Koking y Zatara se quedaron a cuidar al presidente –dijo Kame mientras saltaba a un edificio.- Además el resto de los civiles están a salvo en el refugio antibombas.

Ambos hombres se detuvieron, el edificio en llamas estaba frente a ellos. De pronto las flamas comenzaron a extinguirse como si fueran succionadas hacía abajo, en unos segundos solo había humo.

-¿Qué rayos está pasando? –dijo Safes. Miraba a Kame buscando una respuesta cuando una bola de fuego le golpeo en el pecho haciéndolo estrellar contra el edificio al otro lado de la calle.

-¡Safes! –gritó Kame. Comprobó que Safes seguía vivo cuando le escuchó decir algo sobre destruir un edificio histórico. Dos figuras salieron del interior del edificio. Eran dos leechers enormes, uno era amarillo y gordo, llevaba una camisa mugrienta y unos jeans rotos, además de un aparato extraño  a cuestas del cuales salían dos tubos rojos cuyo extremo se posaba sobre el dorso de sus manos. El otro era más bien fuerte y de un color crema casi blanco, llevaba el pecho descubierto, unos pantalones verdes y unas botas de combate. Llevaba el mismo aparato que el otro, pero el tubo era azul.

-¿Alguien ordenó una plato de Elite bien cocido? –dijo en tono burlón el leecher de los tubos rojos.

En lo alto del edificio de alado Shell observaba emocionado la escena. Detrás de él dos leechers muy delgados se colgaban a los hombros unas enormes mochilas.

-Shell, es hora, andando –dijo el más cercano.

-Espera, aun no sé qué frase usar. Siento como si debiera decir algo para rematar la escena. Tal vez algo sacado de “Heroes”, pero de la primera temporada, en la segunda todo se fue al carajo.

-¿Qué dice? –preguntó el leecher más alto y de color verde oscuro.

-Ya lo conoces, algo que ha de ver visto en una de sus películas o series de tv.

-Ok, andando. Ya pensaré en algo en el camino. Tal vez cuando asesine al presidente pueda decirle “Hasta la vista baby” o algo por el estilo  -se metió las manos en las bolsas del pantalón y siguió a los leechers que saltaron hacia el siguiente edificio.

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Subs-Team: S01e03 Holochine Parte 1

-Marga, Marga, Marga. Quien iba a decir que tú, la gran líder, la insuperable Marga Hewes terminaría muerta a manos de una de sus mejores alumnas –Kara reía a carcajadas mientras le apuntaba con un arma de fuego pequeña en cuya culata plateada tenía grabado un gato negro. Marga se encontraba en el suelo, tenía un feo moretón en la mejilla izquierda y un feo corte sobre su ojo derecho. Aún así su mirada era fría, impasible, como si estuviera mirando una vieja película (una no muy buena). A su alrededor todo era caos y destrucción. Al parecer ambas mujeres se encontraban en lo que quedaba de la oficina de Marga, en lo alto de la torre del Substeam.

-Como siempre Kara, equivocándote en todo. En primer lugar, hoy no moriré. Y en segundo lugar, ni de cerca fuiste mi mejor alumna –Marga, miraba directamente a los ojos a su enemiga, sabiendo que eso era lo que más detestaba.

-¡Deja de mirarme así, perra! En la posición en la que estás no tienes derecho a mirarme de esa forma, he ganado. A puesto a que está mañana mientras tomabas tu asqueroso té y platicabas con el tyglan no te imaginabas que mi plan para acabar con todos ustedes estaba en marcha –Volvió a reír a carcajadas, se acomodó la mascará, apuntó bien su arma y disparó…

12 horas antes, en Air-1…

La isla flotante principal era una de las más pequeñas, pero la más importante de todas ya que en ella se encontraba el presidente de la Republica, vivía en un edificio antiguo que en el pasado, antes del día negro, había sido uno de los museos más visitados. En la parte trasera había un hermoso jardín que visto desde arriba parecía un laberinto no muy complicado, en cuyo centro había un kiosco blanco cubierto con enredaderas cuyas pequeñas hojas rojas brillaban como pequeñas llamas al ser tocadas por los rayos del sol. Ese día, el kiosco estaba siendo visitado por dos hombres vestidos de negro y gafas oscuras. Desde ese punto de la isla se podían ver a lo lejos las 4 criaturas que la rodeaban.

-Kame, ¿qué diablos estarán tramando los leechers? Esas criaturas llevan una hora ahí sin hacer nada –dijo un joven delgado cuyo cabello gris le cubría los ojos. Kame giro hacia él y se quitó las gafas.

-No lo sé Safes, el secretario de defensa se ha reunido con el presidente. Hace años que no se requiere el uso de armas, pero al parecer esto se pondrá feo –Kame un hombre de larga cabellera negra y ojos amarillos que parecían estar siempre observándolo todo.- A pesar de que somos los más fuertes de las 13 islas creo que necesitaremos toda la ayuda que sea posible para lo que se avecina.

-Con mi habilidad especial, yo podría fácilmente acabar con esos monstruos –una voz aspera que sonaba como si se estuviera en una cueva pareció venir de ningún lado.

-Como siempre, escondiéndote y escuchando conversaciones ajenas Koking –dijo Kame mirando fijamente su sombra sobre la madera blanca del suelo del kiosco. De pronto la sombra de kame se hizo más grande y empezó a cobrar vida, se puso de pie y dejó ver su verdadera identidad. Koking era el tercero de la elite, un hombre mitad terrícola, mitad Ommvre. Debido a esto, tenía la habilidad de poseer las sombras de sus adversarios y manipularlas a su antojo.

-Si lo dices así, lo haces sonar como algo malo –Koking sonrió. Sus ojos y sus dientes era lo único que resaltaba de su negra figura, parecía estar hecho de petróleo crudo. Llevaba puesto solamente una pantalón que al ser completamente negro parecía que Koking no usaba ropa alguna-. Ni siquiera Zatara puede superar mis habilidades de camuflaje. ¿Cuánto tiempo piensas seguir oculto?

-Y uno pensaría que este traje de última tecnología engañaría a alguien de la elite –Un hombre un poco más bajo que el resto  apareció de la nada. Vestía un traje ajustado negro. Botas y cinturón rojo, así como una capa del mismo color.

-Estoy aburrido, ¿Cuánto más tendremos que esperar para poder ir a patear algunos traseros? –gruñó Koking.

-Técnicamente esas criaturas no tienen traseros, son como las anguilas o como las serpientes –dijo Safes y los demás parecieron ignorarle.

-Como sea, espero con ansias que den la orden para acabar con esas criaturas –dijo Koking mirando divertido a la serpiente gigante del oeste.

En Air-7…

Tres adolescentes habían ignorado la alarma y en lugar de refugiarse en el centro de la isla, se retaron para acercarse lo más posible a una de las criaturas gigantes.

-Creo que debimos de habernos quedado con el resto de la gente –dijo uno de los chicos, era el más alto y delgado, tenía una mirada triste como la de un cachorrito regañado.

-Vamos, ya casi llegamos, además, hace más de hora y media que aparecieron y no han hecho nada más que estar ahí y gruñir cada 15 o 20 minutos –dijo el segundo chico, era pelirrojo y regordete.

-Es cierto, me recuerda a uno de esos robots que se pusieron de moda poco antes de que el mundo se fuera a la mierda. Podías programarlos para encenderse a determinada hora del día, era muy útil para hacer bromas y hacer que tus amigos se cagaran del susto –dijo el chico alto.

-¿Que quieres decir? ¿Qué este monstruo es un robot? –cuestionó el tercer chico, tenía el cabello negro y los ojos del mismo color. Tenía varias cicatrices en el rostro.

-No, sólo digo que actúa como uno: casi no se mueve y cuando lo hace pareciera que siempre hace lo mismo e incluso los rugidos que emiten son idénticos. Tengo un amigo en Air-5 al que le fascinan leer sobre cómo eran las cosas de antes, en especial sobre la tecnología. De seguro él me apoyaría bastante en lo que digo.

-Claro, los locos ven por otros locos –dijo el pelirrojo.

-Silencio, creo que escuché algo.

Cerca de ellos, una docena de leechers acampaban alrededor de una extraña maquina. Los leechers eran muy distintos entre sí, pero todos compartían ciertas caracteristicas que eran inconfundibles, una de ellas era la carencia de nariz, dándoles un aspecto más de reptil que de humano. Su color de piel iba del amarillo al blanco, aunque había algunos de color verde musgo que los hacía ver aún más asquerosos. Todos llevaban  gafas oscuras durante el día ya que la luz solar podría dejarlos completamente ciegos.  Todos son calvos.

-¿Y cuanto tiempo más tendremos que estar aquí? Nos tocó la parte más aburrida de la misión –se quejó el más corpulento de todos, parecía un sapo inflado de color amarillo claro.

-Pues, creo que está a punto de tornarse algo divertido. Tenemos compañía. Algo apesta a hormonas de crecimiento –dijo el más delgado de todos. Llevaba puestas prendas de diferente color, sucias y rasgadas.

-Adolescentes humanos –completó el sapo inflado.

Los chicos, que hasta ese momento permanecían ocultos detrás de unos arboles, se miraron unos a otros y cuando se disponían a correr, dos leechers aparecieron de la nada y a empujones los llevaron con el que parecía ser el líder: Un leecher sumamente alto de color verde musgo y pequeñas manchas blancas en los brazos. El líder se acercó a los chicos, les sonrió maliciosamente y luego dirigió la mirada hacia el extraño aparato que se encontraba en el centro del campamento.

-Díganme jóvenes  flotadores  –“Flotadores” era la forma en cómo los leechers llamaban a los que vivían en las islas-. ¿Saben que hace esta máquina?

-No, señor. Por favor déjenos ir –dijo el pelirrojo.

-Esa antigua Holochine se usaba hace mucho tiempo para animar el medio tiempo en los partidos de futbol.

-No querrá decir que… -comenzó a decir el alto y delgado

-Así es, estos monstruos son solo una proyección, la mayoría de las islas están rodeadas por hologramas a excepción de una.

-¿Jefe por qué les cuenta esto? –dijo el leecher flaco y haraposo.

-Sencillo, para tener una buena razón para matarles. Souve, ¿harías los honores? –El jefe leecher se dirigió al haraposo.

En un parpadeo, Souve había cortado la garganta del chico pelirrojo. Las uñas del leecher ahora parecían filosas garras. Antes de que el chico se desplomase, Souve lo cogió del cuello de la camisa y se la rasgó. Lanzó al chico como si de un muñeco se tratase y posteriormente el Leecher se ató el trozo de camisa al hombro.

-Creo que este color me sienta bien –dijo Souve mirando su nueva prenda de color azul-. Ahora me vendrían bien unos pantalones cortos.

-Sired, corre! –gritó el chico de cabello negro mientras él intentaba uir, pero fue inútil. Souve era veloz, y antes de que el chico diera tres pasos  ya le había perforado el estomago. Sired no se movió, estaba aterrado.

Por la mente de Sired pasó su corta vida, su familia, sus amigos (ahora, muertos) y el hecho de que jamás conocería en persona a su amigo en Air-5. Sired cerró los ojos mientras Souve lo cogía por la camisa. A lado de Souve, el chico era muy bajito. Suspendido a unos diez centímetros en el aire, Sired escuchaba como el jefe de los leechers había perdido interés en él y en lo que le pasará. Le gritaba ordenes al resto de los leechers. “…Falta poco para hacer explotar a los flotadores” alcanzó a escuchar. ¿Entonces, ese era su plan? ¿Hacer que todos se concentraran en un punto y luego asesinarlos? El terror lo invadió, quería llorar pero se contuvo, apretó los dientes esperando sentir esas enormes garras atravesar su cuerpo y rezando para que la muerte llegara rápido. Pero todo parecía ir más lento, el golpe final que tardaba en llegar. Entonces, gritó.

-¡Enzo!

El cuerpo de Sired comenzó a vibrar. Souve anonadado veía como el cuerpo de Sired brillaba y de pronto no estaba más allí. Se había teleportado dejando atrás solamente su ropa.

En Air-5…

-Enzo, dijiste que sólo irías por tu ropa de batalla, sea lo que eso signifique, apresúrate o Marga te colgará –decía Sara a través del subbycom, el cual estaba a los pies de Enzo quien al ver a Sired aparecer en su habitación lo había soltado por la impresión. Como pudo cogió el subbycon sin dejar de ver a Sired quien se retorcía de dolor.

-Sara, no me mal interpretes, pero hay un chico desnudo en mi cama…

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Subs-Team: S01e02 La vision Parte 2

-¿Y este botón para qué sirve? –preguntó Enzo señalando un botón pequeño bajo uno de los monitores de la sala de vigilancia. El técnico de unos cuarenta y tantos lo miró de soslayo y arrastrando las palabras le explicó a Enzo que el botón servía para apagar el monitor.

La sala era más grande que la de juntas, pero había tantas gavetas, monitores y pilas de diarios que estar ahí resultaba claustrofóbico. Sara se encontraba recargada contra la gaveta más próxima a  la única puerta de acceso, leía con extremada rapidez uno de los diarios. Enzo fingía que le ponía atención al señor regordete que de mal humor había accedió a explicarle cómo funcionaban las instalaciones. En cambio, Enzo miraba a Sara con el rabillo del ojo y sonreía pícaramente. Sara notó su mirada y el diario se le resbaló de las manos.

-Por favor tenga más cuidado señorita –gruño el técnico.

-Lo siento  –dijo Sara roja como tomate.

-Entonces básicamente ayudamos a vigilar los monitores y  si surge algo iremos al rescate y pedimos refuerzos si lo consideramos necesario –dijo Enzo meciéndose como péndulo en una de las sillas giratorias.

-Exactamente –dijo Sara-. Una pregunta, veo que las gavetas contienen un gran número de discos externos, ¿para qué los diarios?

-Como sabrán, en nuestros días cada pequeña posesión, cada objeto tecnológico es preciado ya qué no podemos darnos el lujo de seguir fabricándolos como antes. Claro que a través de los años los leechers nos han proporcionado lo que queda en el mundo de abajo pero debemos ser cuidadosos con lo que poseemos. Los discos sirven para retener los videos de vigilancia por 3 meses para cualquier problema que surja y se necesite verlos, pero luego de eso son borrados. Cada día se redacta en esos diarios un informe con lo más relevante que se haya observado. Cuando se instalaron las cámaras había tres personas encargadas pero con el tiempo y sobre todo después de la tregua se decidió que no era necesario tanto personal. Si me preguntan son meras escusas para recortar gastos.

-Sabes, cuando te enojas se te forman muchas arrugas en el entrecejo –dijo Enzo observando fijamente al técnico-. Relájate Sebastián.

-Mi nombre es Leopoldo –gruño el hombre. Se pasó la mano por los ojos tallándoselos, parecía muy cansado, luego se rascó la cabeza y se despeinó la pelirroja melena -. Iré a tomar un poco de aire.

Cuando Leopoldo salió de la habitación Sara se sentó a lado de Enzo y observaba detenidamente los monitores. Enzo seguía meciéndose en su silla distraído, tenía su sombrero en las manos y lo giraba acariciando el borde con la yema de  los dedos mientras lo giraba sin parar.

-Enzo, ¿puedo confesarte algo? –Sara rompió el silencio.

-Por supuesto –sonrió y giro su silla para quedar frente a Sara.

-Tengo mucho miedo, sí llegase a pasar algo…

-¿Tienes miedo de no ser lo suficientemente fuerte?

-Exactamente –dijo Sara.

-Ves, la gente cree que no presto atención, pero lo hago. Sara, cada quien es fuerte a su manera. Tú mayor fortaleza es tu inteligencia. ¿Y te digo algo? No me pudo tocar mejor compañera de equipo.

-Gracias Enzo, pero aun así todos los miembros del team son expertos en combate y/o armas. He entrenado mucho pero no soy fuerte.

-Sí que lo eres. Te propongo algo, al terminar nuestro turno por qué no entrenamos juntos.

-Eso, estaría muy bien –Sara se sonrojo y desvió la mirada como si eso fuera suficiente para que Enzo no lo notara.

-Consigan un cuarto –Leopoldo acaba de entrar a la habitación. Se sentó en la silla que estaba desocupada y no dijo más nada el resto del turno a pesar de las constantes preguntas de Enzo.

El turno de Sara y Enzo terminó, Carpe ya se encontraba en la puerta. Enzo lo saludó efusivamente y Sara le sonrió. Carpe se limitó a asentir con la cabeza y entró a la habitación.

-Vaya, entre Sebastián, Carpe y Black esas cuatro horas van a ser una fiesta loca –dijo Enzo. Sara rió por lo bajo.

Había pasado una hora, Carpe miraba fijamente los monitores y Leopoldo hacia lo suyo en la parte que le correspondía, de algún modo parecía feliz, tal vez era porque Enzo se había ido y Carpe no era di de cerca un parlanchín. Black entró a la habitación, no saludó y se sentó en la silla que quedaba a lado derecho de Carpe.

-Estás consiente que llegas una hora tarde ¿no es así? –dijo Carpe sin dejar de mirar los monitores.

-Sí, tengo un hermoso reloj de pared en el laboratorio que entre otras útiles cosas me da la hora, gracias. A demás tengo una estricta rutina y me molesta mucho salir de ella.

Fue todo lo que se escuchó en esas 3 horas restantes. Los dos hombres y el Tyglan se mantuvieron en silencio haciendo su trabajo.

-Dios, se parecen a mi ex-esposo: aburridos a más no poder –dijo Kara observando a través de Diem, la espada de Carpe. Estaba frente al pequeño lago que servía de monitor y su gato negro se restregaba contra las piernas de Kara ronroneando en busca de atención.

-Se ha dado la orden de atacar jefa –dijo Horacio

-Bien, lo bueno de ese oráculo es que su precisión nunca ha sido buena. Se acerca el día en que yo pueda dirigir este nuevo mundo –Kara reía mientras acariciaba a su gato negro.

En Air-5 todo estaba calmado, la vida de los civiles seguía su curso y no se percataban de la oscuridad que poco a poco ascendía. En la torre del team, Pokee y Marga se encargaban de observar los monitores.

-Enzo dijo que esto era aburrido pero creo que se quedó corto –se quejaba Pokee.

-Es un trabajo que se tiene que hacer, hazlo y punto –dijo Marga fríamente.

No muy lejos de la torre en un pequeño campo Enzo y Sara peleaban. La cara de Sara estaba más roja que de costumbre, apenas si pudo esquivar un puñetazo de Enzo, trató de darle una patada en las costillas pero Enzo rápidamente le cogió la pierna e hizo que la chica perdiera el equilibrio y cayera de espalda.

-Nada mal, eres rápida. Hay que mejorar tu técnica de pelea y no estaría mal que escogieras un arma, como un bo o…  –dijo Enzo mientras la ayudaba a ponerse de pie.

-Gracias, pero las armas grandes podrían enlentecer mis reflejos. Quiero mostrarte algo.

Sara caminó hacia un árbol donde había una caja de madera, parecía un botiquín de medicina. Lo abrió y sacó un par de brazaletes extraños, eran negros y tenían muchas divisiones que parecía un montaje tipo oruga como la de un tanque de guerra antiguo. Se los colocó en ambas muñecas. Rebuscó en su caja de madera y sacó una hoja de papel en la que estaba dibujada una diana, la puso en el troco del árbol y le clavó unas chinchetas para sujetarla.

-¿Esos brazaletes son una especie de arma? –preguntó Enzo

-Ya lo veras, quédate ahí a un lado del árbol yo me alejaré un poco –Sara caminó alejándose cada vez mas de Enzo. Apenas había girado sobre sus talones, apuntó y disparó. Primero con el brazalete derecho y luego con el izquierdo.

-Eso… ¡Eso ha sido asombroso! –gritó  Enzo-. Y estabas realmente lejos, como 40 metros y has dado en el blanco. ¿Y que son estas cosas?

-¡Enzo, hagas lo que hagas no toques  las agujas! –grito Sara corriendo hacia donde Enzo. Era demasiado tarde, él se había pinchado el dedo con una de las agujas y medio segundo más tarde estaba en el suelo profundamente dormido.

-Vaya, menos mal que ha sido el somnífero y no el veneno –dijo Sara. De pronto la tierra a sus pies empezó a temblar y a lo lejos el rugido de un animal gigantesco hizo que las aves volaran espantadas. El subycom de Sara sonó.

-Sara, Enzo, diríjanse a la torre inmediatamente –era la voz de Marga.

-¿Que sucede?

-Tres criaturas gigantescas han rodeado a Air-5, tenemos que organizarnos. Vengan rápido –ordenó Marga.

Sara actuó rápido y sacó una jeringa de su caja de madera, le inyectó algo en el brazo a Enzo pero este no despertó.

-Enzo, Marga tiene galletas en su oficina, vamos por ellas –le susurró Sara en el oído. Los ojos de Enzo medio se abrieron y dijo algo apenas audible, se incorporó y empezó a correr a gran velocidad. Sara lo siguió. Un nuevo rugido hizo eco por todo el lugar-. Dios, preferiría ir en esa dirección que hacia donde esta Marga… cuando vea lo que pasó con Enzo va a matarme.

Black, Pokee, Carpe y Marga ya estaban en la sala de juntas cuando Enzo entró corriendo y gritando.

-¡¿Donde están las galletas?!

-¿Que demon…? –empezó a decir Marga.

-Al parecer es víctima del “sogno del burattino. Sara podría explicártelo mejor –dijo Black sonriendo al ver a Enzo afectado por el suero.

-Lo siento, estábamos practicando. Fue un accidente, Enzo se pinchó con una de mis agujas y tuve que inyectarle el suero sogno para poder traerlo hacia acá –dijo Sara jadeando. Se acercó a Enzo y le susurró al oído «ya comiste suficientes galletas, ahora tienes ganas de sentarte y quedarte quieto».

-Ya lidiaremos con esto luego. Me han informado de que estas criaturas han aparecido en todas las 13 islas. Las instrucciones es no atacar hasta nuevo aviso.

-¿Que se propondrán? Evidentemente estas criaturas son controladas por los leechers. La visión del oráculo era sobre un ataque, ¿por qué esperar a que eso suceda? ¿Por qué no ser nosotros los que ataquemos primero?

-Porque no tenemos un plan, porque son tres enormes criaturas, porque en estos momentos he ordenado a  los civiles que se dirijan al refugio subterráneo y mientras aun haya alguien allá afuera no voy a arriesgar ni una sola vida solo por querer ser los primeros en atacar.

-¡Oh Marga! puedes preocuparte por tu gente, escóndelos y protégelos, pero eso no servirá de nada al final. Horacio, ordena la fase 2. Shell ya sabes que hacer.

-Estoy más que listo –dijo un hombre joven, pálido, cabellera despeinada y oscura. Llevaba puestos unos extraños lentes rectangulares de color naranja y era imposible saber de qué color eran sus ojos-. Me siento como en una de esas series de ciencia ficción que veía junto con la señora M. Es hora de la venganza.

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Subs-Team: S01e02 La vision Parte 1

-Se llamaba Pedro –dijo Carpe mientras miraba a través del gran ventanal en la oficina de Marga.

-Lo sé, leí el informe… hace una semana –dijo Marga fríamente.

-No puedo creer que después de lo que ha pasado con este planeta el ser humano siga comportándose de esta manera tan destructiva. Quien haya hecho esto, no tiene sentimientos.

-Carpe, siento mucho que hayas tenido que asesinar a ese joven, pero era él o tú –dijo Marga mientras se servía una taza de té.

-Debo confesarte algo Marga, perdí el control. Pokee estaba sangrando demasiado y yo solo quería llevarlo al hospital. No lo pensé dos veces, no intenté dialogar con el enemigo, solo lo asesiné –El Tyglan no pudo evitar que una lagrima rodara por su peluda mejilla.

-No te atormentes Carpe, cualquiera de nosotros hubiera hecho lo mismo y eso es porque somos seres humanos y como tales nos preocupándonos por otros seres humanos.

-¡Cuanto sentimentalismo por Dios! –gritó Kara mientras observaba la escena a través  del pequeño estanque de agua negra que tenia a sus pies-. Horacio, ¿está todo listo para el siguiente movimiento? No creo aguantar otra dosis de esta cursilería.

De vuelta a la torre del Team, Carpe se había marchado y Marga se preparaba otra taza de té, llevaba su uniforme de capitana a pesar de sentirse incomoda en él, sentía remordimiento y asco a la vez. Quería dejarlo todo, correr y no parar, ni voltear atrás. De pronto la puerta a su espalda se abrió y un hombre de negro encapuchado entró a paso firme.

-Vaya, la visita de un Fixie, me siento honrada –dijo Marga divertida.

-Buenas tardes capitana. Lamento que mi visita no sea por placer, nuestro oráculo ha tenido una terrible visión. Se avecinan tiempos difíciles y muchas personas corren peligro –dijo  el Fixie.

-¿Y por lo menos el oráculo ha tenido la decencia de darnos toda la información o solo imágenes confusas y pequeños detalles que harán que perdamos tiempo tratando de averiguar qué significan? –dijo Marga algo molesta.

-La imagen que obtuvo fue muy clara: Los leechers y otras criaturas destruyendo la republica.

-Eso es imposible, tenemos un trato con ellos, les proveemos lo justo y ellos a nosotros también.

-Piénsalo Marga, ellos están allá abajo luchando día tras día contra criaturas poderosas, mientras nosotros estamos acá arriba a salvo.

-Entonces, ¿piensas que la envidia y el resentimiento tienen algo que ver con esta visión apocalíptica del oráculo?

-Es solo una idea, pero sí, así lo pienso –dijo el Fixie no muy convencido.

-La pregunta que salta a mi mente ahora, es ¿por qué me lo has venido a contar a mí? Esa es información tipo A: Solo el presidente y esos apretados de la Elite deberían saberlo –preguntó Marga mientras dejaba la tacita de té sobre la mesa y se acercaba lentamente al Fixie.

-Vamos, creo que la persona que más amo debe saber si el pequeño mundo que conocemos está en peligro –dijo el Fixie. Se quitó la capucha dejando ver su larga cabellera dorada y sus ojos verdes claros. La pálida piel casi brillaba al ser tocada por los rayos del atardecer.

-Si los viejos cascarrabias se enteran Orlando, no quiero pensar lo que harían –dijo Marga. Orlando la abrazó y posó su barbilla sobre la cabeza de su amada.

-Es un riesgo que encantado tomaré.

Orlando  cogió la cabeza de Marga con ambas manos y le plantó un beso apasionado. Se perdieron en un nuevo y cálido abrazo y ambos adoptaron un semblante triste. Era difícil pensar que dos personas que se aman tanto se guardaran un secreto tan grande entre sí. Marga lo hacía porque las consecuencias de revelarlo eran desastrosas y el secreto de Orlando haría sufrir a su amada enormemente.

Enzo, miembro del SubsTeam bailaba en su habitación al ritmo de una vieja canción. Era un chico de 22 años, hiperactivo y despreocupado. Odiaba trabajar pero el estar en la torre del Team le traía varios beneficios y por ello lo toleraba.

-Como siempre, llevamos media hora tratando de localizarte –dijo Pokee desde el umbral de la puerta. Parecía totalmente recuperado y llevaba de nueva cuenta el gorro de Pia con orgullo. Y era visible la venda que no debía quitarse hasta la semana próxima.

-¿Disculpa? No te escuché debido a la música. ¿Decías algo?

-Reunión en el panel 1, ¡ahora! –dijo Pokee furioso.

-Que aburrido –dijo Enzo. Era más alto que Pokee, delgado y siempre llevaba con él un bastón y un sombrero pequeño.

La sala de juntas era pequeña, de color blanco y bien iluminada. En el centro había una mesa redonda de cristal y 8 sillas metálicas. En el centro de la mesa había un proyector holográfico. En un rincón cerca de una de las dos puertas de acceso había una pequeña mesa rectangular con una maquina de café y galletas.

-Oh, galletitas –Dijo Enzo, dejó el bastón y el sombrero en su silla.

-Olvídalo, espera hasta después de la junta que la ultima vez no dejabas de interrumpir a Marga o ¿ya se te olvidó lo que ocurrió después? –dijo Pokee

-Tienes razón –Enzo se sentó en su silla mientras un recuerdo terrorífico pasaba por su mente.

Una de las puertas se abrió y entraron Sara, el doctor Black y Carpe. Saludaron a sus compañeros. Sara se sonrojó cuando Enzo le beso el dorso de la mano. Carpe y Pokee se saludaron con un movimiento de cabeza y Black se limitó a sentarse y gruñir en su silla.

-Usted siempre tan animado  Doc. –dijo Enzo sonriéndole a Black.

-Y tú siempre tan odioso. Por lo visto no has tomado tu medicamento.

-Lo hice un tiempo pero me hacían sentir como si fuera otra persona –dijo Enzo.

-Oh,  ¿y ninguno de nosotros quiere eso verdad? –dijo el doctor con sarcasmo.

-Basta de parloteo –dijo Marga al entrar por la puerta opuesta a la que entraron los demás –Bien, el motivo de esta reunión es para hacerles saber de algo que posiblemente vaya a ocurrir  en nuestra isla: un ataque lecheer.

Carpe abrió los ojos como platos y miro a Pokee que tenia la misma expresión que él. Sara se llevó una mano a la boca nerviosa y empezó a morderse la uña del dedo índice. Enzo miraba detenidamente la mesa de las galletas y el doctor Black se acomodo en su silla.

-¿Y de donde viene está información? –quiso saber Black.

-Orlando me lo ha contado. El oráculo tuvo una visión, la primera en años.

-Y supongo que esta información deberíamos poseerla o… ¿es que tenemos privilegios porque te acuestas con ese Fixie? –dijo Black. Los demás miraban hacia otro lado excepto a Marga.

-Sabes Black, si te invito a estas reuniones es solo mera cortesía pero cada vez encuentras algo con que atacarme y estoy empezando a cansarme de ti. Todos sabemos que quieres el puesto de capitán pero eso nunca pasará.

-¿Qué mas sabemos capitana? –dijo Carpe tratando de romper la tensión.

-Solo eso, mientras estemos a ciegas he decidido formar equipos para vigilar la isla. Recuerden que no solo nos encargamos de proveer energía si no tambien de la seguridad a los habitantes de nuestro hogar. Los equipos estarán formados de la siguiente forma: Sara y Enzo formaran el equipo uno, Carpe y Black el equipo dos, Pokee y yo el equipo tres. Mientras recibamos más detalles sobre lo que está pasando nos turnaremos para supervisar el piso de vigilancia de la torre. A cualquier  anomalía harán sonar la alarma interna y esperaran que el resto de nosotros se reúnan con ustedes. Empezando desde ya, Sara y Enzo diríjanse a sus puestos y esperen su relevo dentro de 4 horas. ¿Alguna pregunta?

-Puedo llevarme las galletitas –preguntó Enzo sonriendo. Pokee se llevó la palma de la mano a la frente.

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Subs-Team: Pilot parte 2

-Pokee, despierta Pokee –una voz familiar hizo eco en su mente. Pokee abrió los ojos lentamente, aturdido, mareado. Se incorporó de golpe al ver ante él a su hermana gemela. Pia le sonreía cálidamente, le ofreció una mano a su hermano, esta  estaba inesperadamente tibia. El vestido blanco que usaba Pia le recordó a Pokee los dolorosos momentos que pasó en el hospital esperando la muerte inminente de su hermana. Por unos segundos nadie dijo nada, solo se miraban fijamente, los ojos café claro de Pia brillaban y creaba la ilusión de que estuviera en verdad viva, como Pokee tantas veces había deseado.

-¿Qué pasa hermanito, no vas a darle un abrazo a tu hermana mayor? –Fue Pia quien rompió el silencio. Pokee la abrazó con tanta fuerza que casi le hizo daño, aunque si se está muerto eso no es de gran importancia.

-Siempre me molestó que fueras la mayor, siempre te reclamaba que me lo recordaras cada vez que discutíamos. Perdóname hermana –decía mientras seguía abrazándola. Pokee lloraba, había pasado mucho tiempo desde la última vez que lo hacía-. Entonces, ¿estoy muerto? –preguntó mientras miraba a su alrededor aun aferrado a los brazos de Pia. No había nada en ese lugar, ningún objeto, ninguna persona más. Por donde mirase solo había un blanco brillante.

-Sí y no –dijo su hermana sonriéndole.

-¿Cómo es eso?

-Sí, porque en este momento lo estas. Y no, porque en unos segundos ya no lo estarás –dijo Pia y al ver la cara de confusión de su hermano continuó-. No es tu momento de morir Pokee, aun  tienes cosas que hacer, cosas muy importantes.

-No es justo –dijo Pokee y daba la impresión de que en cualquier momento se tiraría al suelo y haría un berrinche.

-Hay algo que debes saber Pokee. Yo no morí debido a esa enfermedad rara como te hicieron creer, es algo más complicado que eso y al saber la verdad, tú y otros correrán grave peligro. Yo fui una excepción a lo que ellos habían predicho ya que mi… -Pokee no alcanzó a escuchar nada mas debido a que una fuerza invisible tiró de él hacia atrás. De nuevo todo se volvió oscuridad.

Sara caminaba lo más rápido posible, llevaba consigo algo importante, un tubo con una muestra que sabía pondría feliz a su jefe inmediato. Sara trabajaba en el laboratorio principal de Air-5 junto con el Dr. Black. Cuando aparecía algo extraño en el ambiente: Una criatura nunca antes vista, un parasito o una bacteria, ellos estaban listos para actuar, ya que desde el día oscuro nuevas enfermedades habían surgido, nuevas criaturas habían aparecido, algunas tan pequeñas que se necesitaba la ayuda de un microscopio y otras tan grandes como edificios. Pero ahora Sara llevaba una muestra de lo que había infectado al gordo que ahora yacía inerte en la recepción aun con las espadas de Pokee en el pecho y con la cabeza cercenada. Por fin Sara llegó al laboratorio, sacó su tarjeta de identificación del bolsillo de la bata blanca y la deslizo por la ranura. La puerta se deslizo hacia un costado y Sara apresuró el paso.

-Tengo la muestra doctor, ¿quiere que la prepare? –preguntó la joven. El viejo doctor se dio la vuelta, tenía el cabello entrecano, era delgado y sus ojos negros ocultos tras unas gafas de media luna la miraban con atención.

-Adelante, hazme saber cuando esté lista –dijo con indiferencia. Tenía fama de ser un cascarrabias, pero a la chica eso no le importaba porque con ella más de una ocasión había sido amable y el solo hecho de que la acogiera bajo su tutela ya era una gran muestra de amabilidad. Sara preparó la muestra y no pudo dejar de notar que la sangre se había oscurecido notablemente, separó el suero en la centrifuga y después colocó una pequeña muestra en un porta objetos. Abrió tanto los ojos verde esmeralda que parecía que se le saldrían de las orbitas.

-Do-Doctor –Balbuceó.

-Déjame ver –El doctor se acercó y miró a través del microscopio-. Llama a Marga y dile que ordene un asilamiento completo en recepción. Y tú encárgate de poner a todos los que estuvieron en contacto con el infectado en la habitación de Pokee y toma muestras de sangre de todos.

-De acuerdo, ¿pero qué es esto? Nunca había visto algo parecido, las células están mutando a una velocidad increíble.

-Ese es el problema, no tengo la más remota idea de con que estamos lidiando. Haz lo que te digo –ordenó el Dr. Black y Sara salió corriendo. El doctor sacó un Subycom del bolsillo derecho de su bata desgastada, este era diferente al de Carpe, tenía una antena más larga y varios cables sobresalían en los lados-. ¿Qué hace el proyecto Trol en Air-5? Este no es lo que habíamos acordado, ahora tengo que limpiar este desastre y rogar que nadie se entere de donde ha venido este ataque. No vuelvas a hacer nada sin avisarme antes –Colgó. Sus ojos  parecían diferentes, más oscuros, llenos de maldad, rencor y la expresión de su rostro transmitía un deseo de venganza atroz.

Pokee volvió abrir los ojos pero esta vez no vio a su hermana si no a un Tyglan con el seño fruncido. Carpe estaba a su lado, habían pasado varias horas desde el ataque y el junto con los otros dos civiles y Pokee deberían permanecer ahí hasta que el Dr. Black dijese lo contrario.

-Si que te dieron una paliza, apuesto a que lloraste como niña –dijo Carpe.

-Pues prefiero mil veces que me pateen el trasero a tener cara de gato remojado –contestó Pokee y de pronto la cabeza le dolió como si alguien le martillara el cráneo desde adentro.

-¿Estás bien? –Preguntó Carpe preocupado.

-Como si te importara –dijo Pokee y desvió la mirada, observaba el techo, el foco que de seguro era alimentado por la energía que el creaba le lastimo los ojos.

-No seas imbécil, claro que me importa. ¿Quién crees que te trajo hasta aquí? ¿Quién crees que le cortó la cabeza a ese tipo? ¿Eh? –Carpe estaba furioso.

-¿Le cortaste la cabeza? Raro en ti perder los estribos de esa manera –dijo Pokee burlándose. El Tyglan bajo la cabeza y Pokee continuo-. Pues no te lo pedí ¿o sí?

-Eres tan orgulloso Pokee. Esa pose tuya de chico rudo no te queda. Hace un rato llorabas y balbuceabas algo. ¿Qué estabas soñando?

-Nada que te importe –dijo Pokee pensando si en verdad fue un sueño.

-Moriste, al menos por unos minutos –dijo Carpe y dejó de fruncir el seño.

-Lo sé. Vi a mi hermana sabes, tal vez pienses que estoy loco pero la vi, la abracé y hablamos –dijo Pokee sin mirar al Tyglan.

-No pienso que estés loco, jamás lo he pensado. Haces locuras la mayor parte del tiempo pero eso es solo parte de tu personalidad –Carpe sonrió.

-Gracias Carpe, y perdón –dijo Pokee. Una lágrima empezaba a inundarle el ojo pero Pokee se dio vuelta y le dio la espalda al Tyglan.

-¿Perdón por qué?

-Por hacerte romper tu promesa de no matar a nadie.

-Puedo romper esa promesa siempre que un amigo esté en problemas.

Pokee sintió que le pateaban el estomago. ¿Amigo? Jamás había pensado en Carpe como tal. Él era su entrenador de manejo de armas, quien lo presionaba constantemente, quien lo regañaba por holgazanear. Si pensaba en los ratos que pasaba con él, solo veía discusiones acaloradas, bromas, burlas, risas… almuerzos… consejos. Pokee sonrió, al parecer él también pensaba en Carpe como un amigo pero no se había dado cuenta hasta ahora que casi muere brutalmente.

-Bien chicos, buenas noticias: No están infectados –Sara había entrado en la habitación. Jadeaba.

-De acuerdo, yo me retiro. Pokee, el gorro de Pia yo lo rescaté. Lo he enviado a lavar, con suerte quedará como antes –dijo Carpe y se encaminó a la puerta.

-Gracias, amigo –dijo Pokee sin darse vuelta.

-No hay problema –Carpe sonrió y siguió su camino, Sara salió tras él.

-¿El viejo loco aun no sabe qué fue lo que infecto a ese joven? –Preguntó Carpe con su habitual tono de voz y volvía a adoptar esa expresión de pocos amigos.

-No, señor. Estaremos trabajando en ello toda la noche de ser necesario.

-Bien, mantenme informado –Carpe aceleró el paso y en menos  de 15 minutos ya estaba en su habitación.

Desenfundó su espada, se sentó al borde de la cama y  contempló con tristeza el arma  que había acabado con la vida de un hombre… no, él había acabado con la vida de un hombre. En la oscuridad de aquella pequeña habitación Carpe lloró y rezó por el alma del joven. Y él no lo sabía pero alguien observaba de cerca aquellas lágrimas y se reía sin piedad de él. Ya que la única que se había infectado era Diem, la espada de Carpe.

-Creo que el objetivo se cumplió, ahora escucharé y veré todo a través de la espada de ese estúpido Tyglan. Tal vez me he salido del plan original pero Black deberá aprender que yo soy la que da las órdenes, después de todo yo soy la que más desea acabar con el SubTeam y con todo aquel que represente un obstáculo para la gran Kara –Lejos de Air-5 en una de las pequeñas islas corrompidas estaba una mujer cuya principal característica era su máscara rota y su gato negro que siempre tenía en su regazo había dado el primer paso hacia lo que según ella sería el imperio de Kara.

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Subs-Team: Pilot parte1

Me gustaría decirles que esta es una historia donde un grupo de personas tratan desesperadamente de salvar el mundo, pero no puedo. El mundo ya no puede ser salvado, es demasiado tarde. Lo que puedo decir es que esta es la historia de unas cuantas personas que luchan día a día a su manera por tratar de sobrevivir en lo poco que queda de su hogar. Porque de todo un hermoso planeta que fue en el pasado, ahora solo quedan pequeñas islas flotantes. ¿Qué cómo es posible que existan islas flotantes? Honestamente no lo sé, tal vez algún día lo descubra.

En una de estas islas: Air-5 para ser exactos, existe un edificio donde se crea una fuente de energía conocida coloquialmente como EC: algunos dicen que significa “energía circular” por la forma esférica característica de esta energía alternativa pero el verdadero significado es el de “esfera de contención” ya que después que las personas encargadas de crearla atreves de su cuerpo depositan la energía en una enorme maquina que se asemeja a una licuadora gigante, dicha energía es colocada en esferas transparentes para después ser transportada y distribuida a las demás islas de la Republica exceptuando  Air-1 donde tienen un equipo especial cuyos ECs son mucho más poderosos que los del  Sub-Team como los llaman despectivamente aquellos que pertenecen al equipo especial.

(Ignoren el texto de la imagen. Re-escribí la historia ahora ya no es narrada por un personaje)

Marga Hewes observaba el cielo atreves del enorme ventanal en lo más alto del edificio del Team. Pero su mente viajaba al pasado revolviendo recuerdos, algunos alegres, otros amargos y uno particularmente doloroso. Porque perder a alguien tan cercano siempre es doloroso y aunque habían pasado varios años, la pérdida de su mejor amiga aun le causaba un enorme dolor. Pero ese día en particular Marga pensaba en el terrible secreto que acababa de descubrir días antes y el cual tuvo que ver con la muerte de su amiga. ¿Qué hacer? Contarlo ocasionaría el colapso de lo que la humanidad había construido después del “día oscuro”, y no hacerlo implicaría un cargo de conciencia enorme. ¿Podría llevarse ese secreto a la tumba?

-Morir –dejó que la palabra se le escapara en voz alta y su rostro intentó dibujar una sonrisa que se perdió entre la nostalgia que su reflejo en el cristal del ventanal le devolvía. Y rápidamente volvió a adoptar esa expresión serena que la caracterizaba al escuchar que la puerta del ascensor a su espalda se abría.

-Marga, tenemos una situación  –dijo Carpe entrando a la habitación, caminaba erguido casi marchando.

-¿Leechers? –preguntó ella casi con indiferencia.

-No, civiles humanos –dijo el Tyglan mientras se rascaba la oreja derecha. Los Tyglan provenían de una galaxia lejana, eran guerreros por naturaleza a pesar que muchas veces su aspecto gatuno causaban todo menos temor.

-Envía a Pokee.

-Entendido –Carpe se dio media vuelta y se comunicó a través del Subycom-. Pokee, un trió de humanos están haciendo añicos la recepción. Dirígete hacia allá y trata de no matar a nadie esta vez.

-No prometo nada –se escuchó atreves del subycom.

Carpe salió a grandes zancadas de la habitación de Marga al darse cuenta que eran casi las 6. Marga siempre toma su té a esa hora y odia ser molestada.

Mientras tanto en recepción , tres chicos destruían los muebles y hacían añicos los cristales de los ventanales. Uno de ellos que era alto y flaco, le sacaba el relleno a los cojines del sofá negro que había junto a una mesita rota.

-Era necesaria tanta violencia –dijo el más alto y robusto de los tres.

-Solo estamos exigiendo lo que nos corresponde –dijo el hombre bajito que parecía el líder.

-Yo creo que nos quedamos cortos –completó el flaco mientras escupía al relleno de uno de los cojines.

-Sí, un poco de fuego hubiera sido el toque final perfecto. Eso llamaría la atención de esos imbéciles –dijo el líder mientras reía a carcajadas.

-Que quede claro que ustedes me insultaron primero –dijo Pokee mientras bateaba una pelota y le daba en la cara al líder -. Verán, estoy de mal humor, estaba en medio de un partido con los hermanos Fullen y yo soy la estrella de mi equipo y sin mi van a perder y si perdemos me voy a enojar aun mas -dejó caer el bate-.  Pokee era bajito, delgado, tenía el cabello largo y lacio y usaba un gorro verde del cual la mayoría se burlaba porque lo hacía parecer femenino, una bufanda verde, pantalones cortos y botas negras.

-Gordo, ayuda a Spike, yo me encargo de está niñita insolente –dijo el flaco alto. Y antes que pudiera voltear a mirar a Pokee este ya estaba encima de él golpeándole la cara furioso.

-Para empezar tengo 20 años y ¡soy hombre! –gritaba Pokee.

-¡Basta! –gritó el gordo.

-Cállate, espera tu turno –dijo Pokee y no se dio cuenta que la piedra que colgaba del cuello del gordo brillaba y unas púas de color purpura se le incrustaban en el pecho. El chico cayó de rodillas, su cuerpo se hizo más fuerte y sus ojos inyectados de sangre se tornaron violeta. Pokee tampoco lo vio incorporarse y tampoco vio el puño de aquél ser dirigiéndose hacia él, pero si sintió el tremendo golpe en la cara.

Como pudo, Pokee se incorporó y vio aterrorizado al Gordo que ya estaba preparando su próximo golpe, el cual logró esquivar y dio gracias a las horas de entrenamiento que Carpe le obligaba a realizar. La sangre le escurría por la mejilla derecha, trató de limpiarla con la manga de su suéter pero de nada sirvió ya que más sangre le brotaba de la herida que ahora le escocía aun mas. Sin quitarle los ojos de encima al gordo, desenfundó sus dos espadas cortas parecidas a los tantos japoneses que cargaba en sus botas y las cargó con energía, las hojas se tornaron rojas y desprendían mucho calor. El gordo se acercó a él sin darle mucha importancia a las espadas incandescentes. Pokee volvió a esquivar el puñetazo y le encajó ambas hojas en el estomago a su enemigo. El gordo ladeo la cabeza como lo hace un perro cuando escucha algo extraño, cogió a Pokee por la cara, la enorme mano del gordo cubría todo el rostro de Pokee.

-¡Suéltame fenómeno! –gritó Pokee. Él jamás se había enfrentado a algo parecido. La cara le ardía como si la hubiera puesto sobre una plancha, tenía la vista nublada y la ropa manchada de sangre. El gorro verde tejido se le cayó y Pokee dejó de pelear-. Al parecer pronto estaré contigo…-murmuró y luego todo se volvió negro. El gordo había impactado a Pokee contra la pared, lo soltó y el cuerpo inmóvil de Pokee se deslizó dejando un rastro de sangre en la pared. El Gordo se dio media vuelta  y gritando cosas ininteligibles empezó a destrozar a un mas la recepción.

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Previously…

Lo que empezó siendo un “comic” terminó en el olvido. Y como detestaría que la historia loca que inventé se quedara en el limbo, he decidido rescatarla en un nuevo formato: escribiré la historia y de vez en cuando irá acompañada de un dibujo.